Búsqueda incierta por las redes
imaginarias del alma, partimos de bruces en caída simple, rápida, violenta
desde la cima al olvido, río caudaloso correntoso pasamos desde allí a un lago
calmado con fama contaminada de soledad, botellas en el mar con fotos y
recuerdos tratando de recuperar y seguir en la búsqueda de lo integro y lo
bello. Mirando desde la cumbre de la montaña se ve al ser siniestro abandonado
a perpetuidad. Cuesta olvidar, más todavía, se olvida decodificar las palabras
erróneas que molestan el vocablo internado en la siquis de los sueños. Cómo
olvidar la caricia de la muerte, la caricia del olvido imaginario. ¡Qué difícil
es olvidar!, esa incapacidad de borrar de una plumada lo vivido erróneamente.
El cielo se cubre de ansiosas nubes cargadas de luceros de plata, surcan el
aire, no encuentran donde dejarlos, abajo las hormigas corren con su última
carga, ya todo está listo para hibernar. Quisiera olvidar el beso sensual, el
beso arrullado, el beso gemido, aquel que se entrega en momentos de incertezas
rutinarias, ese beso al descuido distraído, ese beso sin compromiso como
jugando a la ruleta. Seguirá la vida el tratar de saber qué es más importante,
el sexo con amor o el amor sin compromiso. Las hojas ya no están en los
árboles, secas se convertirán en vida fecunda, tierra fértil para dar nueva
vida en la primavera. Será necesario seguir curioseando investigando sobre la
verdad o la mentira de cómo deben ser las cosas. Vengo del lago calmado me
enredo entre el ramaje de la orilla, las aguas son verdes, una esmeralda a la
vista del ojo curioso que quiere ver más allá de la realidad. Los pájaros
surcan el cielo, una araña se sube a las ramas a seguir tejiendo para protegerse
del frío del otoño intenso donde las hojas caen sin piedad sobre los suspiros
del alma. Abajo la mujer mira hacia la línea del horizonte donde el tiempo
escribe las letras tristes del silencio callado… ¿Saldrá el sol una vez más…? Eso solo el tiempo sabe cómo sigue la vida.

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