Pecado clandestino de deseos prohibidos, un
día ambos se perderán en las hojas del calendario de un mes desconocido, sin
días, sin números escritos, penetrando en el silencio por aquellas rendijas
donde pasan las luces y los sueños. Caminando
como niños desamparados, asustados, atados, unidos por aquellas avenidas con
heridas mal sanadas de antiguas
pasiones que dejaron cicatrices innegables. El jardín del Edén ya no parirá
flores, las semillas se fugaron a otras primaveras en otros continentes en una
estación de tren y un silbato intraducible. Mientras el mar y la luna se
enamoran a escondidas de ellos sin prejuicio. Se sienten ansiosos, angustiados,
desesperados en la acera de los pensamientos pecadores, negativos, sin saber
cómo enfrentar el camino de regreso a la cordura, desafíos que en vano se unen
a las certezas del deseo oculto envuelto en sorpresivas ansiedades antes no
sentidas. Bailan el suave ritmo sobre el césped de terciopelo verde, los dedos
se resbalan por la piel incrustándose de bruces en los cauces del deseo
desesperado por poseerse perdiendo los miedos al infierno anunciado que les
dejaba seca el alma y la boca ...

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