viernes, 3 de abril de 2015

ERUPCION


Día negro, tarde negra, noche negra, luna ausente, el horizonte cansado, rojo de ira en un atardecer luminoso a pesar de todo lo que la vida nos da, y es que la vida siempre vale la pena. Día gris, desagradable, tedioso, no ocurre nada, no pasa nada, solo un café negro, negro intenso, una conversación sin destino, un libro de poesía, mientras un gato ronronea tratando de dormir. Día ausente sin importancia. Noche roja, tres de la madrugada, la montaña ardiendo, los ruidos ensordecen, los niños despiertan, los perros ladran, un anciano ronca, una suegra asustada. Un mate helado, una tetera con agua fría, todo es extraño, susto, terror, miedo. Comienza el rezo, la oración a gritos, el ser humano reacciona instintivamente ante el peligro y Dios es el socorro de la mayoría. Televisor encendido, las noticias muestran los mil rojos de un volcán embravecido rugiendo como una fiera enjaulada. El piso se mueve, pequeños sismos provocados por la ira y el deseo de la fiera de querer salir a las alturas desde su sima a la cima de una montaña muy alta, tan alta que aterroriza a las fieras de la noche, un lobo suelto, un gato montés, caballos salvajes que tienen sus guaridas en la montaña inaccesible. De pronto suena una sirena de alerta roja, todos despiertos, asustados, curiosos, miedosos, el ataque de la naturaleza se esperaba pero no es bienvenido, todos saben desde ya los resultados. Todos corren a reunirse en la plaza según lo antes enseñado, la vida está en riesgo, todos corren hacia el bajo, el fuego provoca terror a todos; hombres, mujeres, niños, animales, mascotas, todo está en riesgo, nadie puede predecir cuanta energía guarda el dios Vulcano dentro de esa montaña cubierta de nieves eternas solo el calor del volcán la derrite en minutos. La gente deja todo, nada sirve, nada vale, solo la vida, solo la vida adquiere la importancia que corresponde y nos volvemos a dar cuenta que la naturaleza siempre manda, ordena y dispone... Ayer fue el día de la Naturaleza... Mi pequeño homenaje.

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