A
resguardo el corazón se queda desarmado, desprotegido, abandonado
entre las madreselvas de flores blancas y sus hojas verde negruzcas
sobre el muro perforado, gélido, frío, fría montaña de los
lamentos abandonados donde las mariposas nocturnas vestidas de negro
escribieron sus píos epitafios después que les llegó el prematuro
silencio. Palpita, titila el corazón de las amapolas tristes que
giran corriendo tras las maravillas amarillas que el sol engrandece
cada alborada, cada amanecer con sus primeros rayos de sol de verano.
El Alma fría, impenitente, culposa, a oscuras camina a escondida
tras la muralla de plata que divide el sí y el no, entristecida y
abandonada se acuesta sobre sus propios miedos lamentándose
silenciosa por las indecisiones causadas por su culpas de pecados
insatisfechos, no cursadas en el justo reloj que anunciaba la partida
de las tristezas nocturnas cargadas de culpas envueltas en insomnios
desvelados. Entre suplicas, llantos, lágrimas escurridas por el
rostro ya antiguo acuden los lamentos huyendo al destierro
culpándose por no vivir, ya sabe que ya no hay oportunidad, aquí no
hay sitio para el desvarío… él ya no vive cercano a su jardín de
flores de invernadero. Ella sabe, no revivirán los campos, las
hojas del otoño se quemaron con el calor de las caricias de amor de
aquellas tardes en que los amantes vivían su agosto furtivamente
entre los matorrales, la sarsamora y los aromos amarillos que venían
cubiertos de alegría y ahora extinguidos por la ausencia… Silencio
Ivonne
Concha Alarcón
26 01 2019
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