Eres tan efímero como el
viento que sopla desde el cielo abierto a los infiernos del monte
silencioso que va evaporándose entre las luces y las sombras de tu
bravura incierta con las manos abandonadas sobre los hielos del
desierto nocturno. La luna llora tu ausencia cobarde de noche
descubierta sobre sábanas blancas y caras deslavadas. Palabras
dichas en miradas avergonzadas del espanto que provocan esas letras
cursivas escritas en el cielo como mensajes de amor inexistente. No
creo en tus celos ni en los injustos desvaríos nocturnos que se
estrechan en la luna roja y el silencio de las gaviotas que nada
tienen que hacer sobre el río turbio. Los labios que nunca besaron
las estrellas ni las lunas dibujadas sobre el tapiz nocturno que cae
sobre la frontera entre el suelo y la distancia desértica de amores
verdaderos. Congélate entre la aurora y las flores blancas que te
atrapan en esa lápida de mármol y el desierto incierto con sus
manzanillones blancos…
Ivonne
Concha Alarcón
26 01 2019
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