Sus ojos se asoman a la
ventana del silencioso paraíso donde las hojas juegan con las gotas
de lluvia desmigajada que enternece la mañana otoñal. El resplandor
claro y transparente de la aurora maquilla las horas de la nostálgica
tarde sonriente. La alegría se hará cómplice del crepúsculo en
el jardín de rosas rojas y margaritas blancas. El amor se queda
atrapado en las alas de las mariposas cubiertas de suaves caricias en
los párpados y los besos de las luciérnagas enamoradas al
descubrirse la noche. La luna otra vez vendrá cargada de besos y
suspiros iluminando el azul profundo...
Ivonne Concha Alarcón
31 01 2019
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