miércoles, 26 de julio de 2017

Niños del hambre


Como lobo herido el niño gime de dolor, desgarra el alma sentir como le duele la vida, no juega, se extravió en la ruta de la felicidad arrinconándose en cuclillas buscando entre las escasas raíces algo que le sirva para distraer sus tripas de niño. Es el hambre maldita que lo acosa, es el fuego que le quema sus vísceras, es el hielo de los humanos que le roban su vida de inocente. No hay madrugadas, noches, ni tardes tranquilas, todo huele al hambre de su cuerpo. Búsqueda incansable debajo de las piedras hasta los gusanos desaparecieron. El entorno es su potencial enemigo, todos buscan como saciar su sed, su hambre, su necesidad de sobrevivir. Una simple miga de pan le parecería un festín a esos ojos saltones que le sobresalen de los huesos de su cuerpo lastimado, ¿dónde están sus Derechos de Niño?... sí, esos Derechos que se pierden en los bolsillos de los poderosos, en las transnacionales, en el patrón. El capitalismo que hace perder la razón a los hombres del mundo arrastrándolos a un cruel individualismo, buscan solo su propia satisfacción sin preocuparse jamás de ponerse en los zapatos del otro. Nada le importa al egoísta, no busca el bien común. Y ahí sigue el niño hambriento, sediento, sobreviviendo desnutrido sin tener ninguna opción de llegar a ser un hombre con vida. Gritemos fuerte, que se sientan las letras nuestras en el planeta, tenemos un arma poderosa... La letra, la palabra, el verso que sale del alma...

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