Primavera enredándose en las consecuencias del gélido invierno negro sin estrellas, ni la luna triste ni el pícaro sol asomándose tranquilos. Eclipse de los rojos y negros despreocupados de los mitos y leyendas en la isla abandonada. Entre los barcos circulan las gaviotas. Quedan aun resabios de largas noches frías tristes ansiosas, suspiros insertos en las muros de la nostalgia siniestra de los sueños no cumplidos y los espinos secos esperando ser carbón de sueños. El tren pasa veloz llevando su carga de recuerdos y nostalgias de aquellos amores que se perdieron y un gato dormilón dentro de su canasto de mimbre que hizo el abuelo con sus manos cansadas hace ya tiempo. Las tinieblas oscurecen el horizonte lúcido de hierbas y flores de primavera, el campo iluminado de irisadas flores sonríe ante las abejas polinizadoras robóticas para salvarnos de una desaparición inminente. Vana la desnudez de los amantes de las tardes lentas que se ocultan entre las sábanas rosadas. La pasionaria, sus martillos y clavos se sonrojan ante el sol imaginario de las tardes crepusculares, los cristales de los ojos curiosos desfilan en los portales de hierro oxidado mientras la primavera pertenece...
Ivonne Concha Alarcón
27 de noviembre 2015
27 de noviembre 2015
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