Se encontró cara a cara con aquel rostro impenetrable, vio el demonio del rencor, el dolor enardecido, la arrolladora presencia del que siente disgusto y traición, quiere estar muy lejos cuando la bestia despierte del letargo, escondiéndose tras el silencio abrumador, agotador, agobiador, angustioso. Se le acaba la paz, la paciencia, la serenidad, la calma quiere ser igual que siempre, que nada le cambie, ni le obstaculice, ni le distraiga de sus afanes, ese deseo de andar a su gusto por la vida haciendo lo que quiere en libertinaje. Se desespera, se da cuenta que el monstruo esconde veleidades, antojos, caprichos, ligerezas, maldades. Se quedó como cruz de cementerio, la tala es arriba al centro y abajo, una mata de menta y un tren que pasa de cara al mar le divisa entre olas y su almohada de sueños se golpea duramente entre las rocas marmoladas, los dioses del vientos sienten el aliento enamorado que sopla huracanes de palabras de fuego que traspasan los deseos de hombre. Se acercó a otear el horizonte, vio la última bondad y blancura en sus letras de hombre ingenuo a veces infame, se quedó enajenado, sufriendo, lamiendo lenguas de fuego que suben y bajan, sobre, dentro y en su cuerpo humano subjetivo, esa parte que sufre, goza, sueña, desea, entre muchas derrotas aquel día en que la espera fue tardía o nunca sucedió, el camino estrecho largo extenso se metamorfosea en colores de otoño mientras allá en su castillo, entre rejas de fierro fundido por el dolor se esconden las mariposas salvajes, se dormirán eternas entre sombras de silencio y de muerte, recaminarán desnudas entre lamentos quejumbrosos en un sueño de naufrago solitario, perdido entre sus pérdidas y el cielo del infierno en la cama sola abandonada, conociéndose, recorriéndose en su interna soledad, el mar se vuelca furioso, le atrapa con sus ojos, con su beso de martes de mala suerte, las sirenas desvestidas de tiempo salen al encuentro de sus rivales la hadas buenas, entre ellas murmullan sus cuentos de pescadores cubiertos de sol malo que rompe sus telas faciales radiadas de rescate del temor de tener que perder su ángel salvador que le baño de sueños vestidos, el hastío le atrapó escondido entre las garras del descontento comiéndose los recuerdos que por ser recuerdos ya se van muriendo allá en el cementerio de las mariposas y aquí en este planeta ficticio de ambos no quedó nada... nada.
Ivonne Concha Alarcon
Feb. 2015
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