Ella ya no sabe quién es él, no importa es cualquier ser que la atiende, un hombre sin vínculo con ella, en su mundo imaginario ya no existe, solo uno más de todos los desconocidos que la rodean desde hace unos meses en su lecho solitario. Entre pensamientos y pañales él la protege de sus nubes mágicas sellando sus palabras con un beso suave como si besara a una pequeña niña. Ya no duermen juntos solo quedan los recuerdos mientras la cama ancha ya no cabe entre ellos, el silencio se apodera de los tiempos y las nostalgias de esos infantes hoy mayores que ya hicieron sus vidas, ella duerme en el limbo mientras él se atormenta en la soledad. Ella a veces le llama papá, indignado él le dice: no soy tu padre, soy tu esposo aunque tu cerebro no me acepte esa es la realidad permanente y eso ya no cambiará, le duele demasiado ese desconocimiento por parte de ella no quiere aceptar que ella ya no está en este plano. Mientras ella juega con muñecas él se queda con los recuerdos de la vida que vivieron junto a su familia y amigos, ella dibuja de nuevo y pinta de colores, él vive realidades duras difíciles de vivir y de entender. Así se les va pasando la vida, ella vuela directo hacia las nubes descoloridas, mientras el cabello de él blanquecino y ceniciento va cargando a su espalda el dolor del extravío del ser que más ha amado en su vida. Solo les espera un tiempo incierto de un hombre desconocido para ella y para él, el de una pequeña que va de vuelta desde sus sesenta a su nacimiento... Sí, es cierto, dura es la vida para algunos seres humanos. El entiende y comprende que así fue el juramento que hace muchos años ambos hicieron... la vida se encargará, eso lo tiene presente y sabe que así será... Así es la vida de todos los humanos... de dulce y de agraz.
Ivonne Concha Alarcón
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