Seres humanos caminando, vienen saliendo de sus espacios laborales sin rumbo, cargan cansancio, alborotando espacios de deseos y placeres, naturaleza color tierra mientras el corazón es un ramo de luto negro de espinas muy filosas haciendo eco en el entorno. La luna plateada dibuja un carrusel de sombras detrás de las nubes cargadas de miedos, nostalgias, necesidades físicas, anhelos comunes que buscan el arrimo a la búsqueda de la satisfacción de sus cuerpos, necesidades primarias básicas. La luz en las calles nocturnas se hace cómplice de seres furtivos dentro del bar de la ciudad bohemia que esconde tratos pecaminosos que se tejen frente a los frustrados anhelos de los cuerpos necesitados al llegar el día viernes esperando el descanso, el relax de las ansiedades de los seres cansados, hartos de obligaciones y contratos. La presencia de aquellos espectadores en lugares un tanto siniestros es un tajo sensual en medio de la soledad de los duendes curiosos del deseo, escarbando intensos la presencia de desconocidas necesidades insatisfechas. Van en busca de novedades, curiosidades desconocidas justificando el ser hombres, o mujeres deseando, necesitando poseer la tibia humedad de otros seres desconocidos producto de la noche anhelando poseer un cuerpo en tibia humedad directa sin preámbulo con un vaso en la mano, en un baile de entrega y ruidos armónicos acompañando el rito sexual del deseo. Ojos rojos ebrios de alcohol se abrazan a recuerdos de amores ahora abandonados y gimen ante la necesidad incestuosa de reencontrarse con la madre perdida en la vida, el pesar y los miedos se esconden entre gritos y algarabía y quizá un chiste sin gracia ya conocidos por los pares que disfrazan un risa forzada con una mirada piadosa de humanidad...
Prosa neobarroca